Dónde funcionan bien las aplicaciones
En las ciudades grandes de México las aplicaciones de transporte funcionan igual de bien que en Europa o Estados Unidos. En la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Querétaro y Mérida hay coches suficientes a casi cualquier hora, el precio se ve antes de aceptar y el conductor sigue una ruta que queda registrada. Uber opera en decenas de ciudades y DiDi en otras tantas, a menudo algo más barato; conviene llevar las dos instaladas, porque en horas punta o con lluvia una tiene coches y la otra no. Un trayecto urbano medio suele costar entre $3 y $10 USD (2025).
Fuera de esas ciudades el mapa cambia deprisa. En pueblos pequeños, en la sierra y en buena parte de la costa hay pocos coches conectados o directamente ninguno, y el taxi de sitio, la combi o el colectivo siguen siendo el sistema real. Tampoco conviene idealizar la app: en algunas zonas turísticas los gremios de taxis presionan a los conductores, la recogida se hace a dos calles del hotel y el chófer pide que el pasajero se siente delante. Nada de eso es peligroso, pero explica por qué un mismo país funciona de tres maneras distintas según dónde se esté.
Ciudad por ciudad: app, taxi o coche
La regla general es sencilla: cuanto más grande es la ciudad, mejor funciona la aplicación y menos sentido tiene el coche propio. En la Ciudad de México alquilar un coche para moverse dentro es casi siempre un error, entre el tráfico, el estacionamiento y el programa Hoy No Circula, que retira vehículos de la calle según la terminación de la placa. Guadalajara y Monterrey admiten coche, pero se sufre en hora punta. Mérida es la excepción amable: hay apps, hay taxis y aparcar en el centro todavía es posible sin demasiado drama, incluso en temporada alta.
El coche se vuelve razonable en cuanto se sale de la ciudad. Yucatán entero, la ruta Puuc, los pueblos de Oaxaca, el Bajío de San Miguel a Guanajuato, Baja California y la costa del Pacífico se disfrutan mucho más con vehículo propio, porque los horarios de autobús no cubren un cenote a las siete de la mañana ni una hacienda a media tarde. La combinación que mejor suele funcionar en un viaje de dos semanas es sencilla: autobús o avión entre ciudades grandes, apps dentro de ellas y alquiler de tres o cuatro días sólo para la parte rural.
El alquiler y el seguro que sí importa
El precio que aparece en el buscador rara vez es el precio final. En México el seguro de responsabilidad civil frente a terceros es obligatorio y la cobertura de la tarjeta de crédito no lo sustituye, así que la tarifa de nueve dólares al día termina convertida en algo bastante mayor al llegar al mostrador. Contar con $40 a $90 USD al día (2025) para un coche pequeño con seguro completo contratado de antemano evita discusiones. También hay depósito bloqueado en la tarjeta, que suele rondar varios cientos de dólares y se libera semanas después de devolver el vehículo.
Antes de salir del aparcamiento conviene grabar un vídeo lento de la carrocería, los cristales, las llantas y el interior, con la fecha visible. Los cargos por rayones que ya estaban ahí son la queja más repetida del país en este apartado, y un vídeo de dos minutos la resuelve. El coche se entrega y se devuelve con el tanque lleno; la gasolina se sirve siempre con empleado, casi nunca en autoservicio, y conviene comprobar que el surtidor marque ceros antes de empezar. Pagar en efectivo y contar el cambio en voz alta es costumbre local, no desconfianza.
Aeropuertos, y el caso de Cancún
Cancún es el punto donde el sistema se rompe. El aeropuerto tiene un acuerdo con los taxis autorizados y las apps no pueden recoger pasajeros dentro de la terminal; ha habido bloqueos, sanciones a conductores y episodios de tensión ampliamente documentados. La consecuencia práctica es que salir de esa terminal con Uber no es una opción fiable, por mucho que la aplicación muestre coches en el mapa. Las alternativas legales y tranquilas existen y son tres: el autobús ADO al centro de Cancún o a Playa del Carmen, el taxi oficial del aeropuerto y el traslado privado contratado antes de volar.
En otros aeropuertos la cosa es más civilizada. En la Ciudad de México las aplicaciones recogen en zonas señalizadas de las terminales y también hay taxis autorizados con tarifa fija que se paga en un mostrador antes de subir, un sistema viejo pero transparente. En Guadalajara, Monterrey y Mérida las apps funcionan con normalidad. El movimiento inverso suele ser más fácil en todas partes: pedir un coche desde el hotel hacia el aeropuerto rara vez da problema, incluso en Cancún, porque el conflicto está en la recogida dentro del recinto y no en la llegada.
Carretera: cuotas, libres, topes y noche
Hay dos redes de carretera paralelas y conviene entender la diferencia antes del primer desvío. Las autopistas de cuota son de peaje, están en buen estado, tienen asistencia y ahorran horas; las carreteras libres son gratuitas, pasan por todos los pueblos y multiplican el tiempo del trayecto. Los peajes en México son caros para los estándares del país: un tramo largo como Ciudad de México a Puebla o Guadalajara puede sumar entre $10 y $45 USD (2025) según la distancia. Se paga en efectivo o con tarjeta, y llevar billetes pequeños siempre acelera la caseta.
El tope es la institución nacional que más sorprende al conductor extranjero: badenes de todos los tamaños, a veces sin pintar y sin señal, colocados a la entrada y salida de cada pueblo y también en mitad de una recta. Se cruzan a paso de peatón o se rompe algo. Sumado a eso están el ganado suelto, los camiones sin luces traseras y los tramos sin arcén, que explican la regla que repite todo el mundo aquí: no se conduce de noche en carretera. No es una advertencia dramática, es la práctica normal de la gente que vive en el país.
Los errores que se repiten
El error más caro es alquilar coche para toda la estancia cuando sólo se necesita en tres días. Un vehículo parado en un aparcamiento de la Ciudad de México cuesta la tarifa diaria, el estacionamiento del hotel y los nervios del Hoy No Circula, y no ahorra un solo minuto frente a una app. El error contrario también existe: recorrer Yucatán entero a base de colectivos y taxis, gastando más de lo que costaba un alquiler y perdiendo las horas buenas de luz en esperar transporte que sale cuando se llena y no cuando el horario lo dice.
Después están los errores de detalle, que salen caros de otra forma. Aceptar un taxi de calle sin taxímetro ni tarifa acordada en una zona turística termina en una discusión en la acera con las maletas fuera. Pagar el traslado del aeropuerto a un intermediario que aborda en la salida de llegadas, antes de la puerta, es el clásico del Caribe mexicano y siempre cuesta más de lo anunciado. Y salir a las cinco de la tarde hacia un destino a cuatro horas garantiza conducir de noche justo el tramo que nadie recomienda.
Lo que siempre preguntan
Seis preguntas que aparecen siempre en el mismo orden cuando alguien planifica el transporte de un viaje por México, respondidas con lo que suele ocurrir y no con lo que debería ocurrir. Van de lo administrativo, como el carné y el seguro, a lo que más inquietud genera, que es la seguridad en carretera. La respuesta corta a casi todas es la misma: depende mucho de la región, y la diferencia entre una península llana y bien señalizada y una sierra de curvas sin cobertura es enorme dentro del mismo país.
Una cosa no cabe en una respuesta corta: nada de esto funciona sin datos en el teléfono. Las apps, los mapas descargados, el mensaje al conductor y la comprobación de la tarifa dependen de una conexión, y el wifi del hotel no sirve en la acera. Una SIM local de Telcel o un plan de datos contratado antes de volar cuesta poco y resuelve buena parte de los problemas de transporte de un viaje. Lo segundo que ayuda es aceptar que aquí se combinan medios: autobús, avión, app y coche de alquiler en el mismo itinerario.