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El Grito de Independencia, la noche del 15 de septiembre

El 15 de septiembre por la noche el país entero grita a la misma hora. Qué ocurre en el Zócalo, qué se puede meter a la plaza, cómo se sale después y dónde se vive mejor.

Lectura 12 min Actualizada Agosto Dónde Zócalo, Ciudad de México Coste Gratis; metro unos MX$5 (2025)
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Qué es exactamente el Grito

El Grito es una ceremonia corta y ruidosa que ocurre la noche del 15 de septiembre, hacia las once. El presidente sale al balcón central del Palacio Nacional, sobre el Zócalo de la Ciudad de México, toca la campana traída de la parroquia de Dolores, nombra uno por uno a los héroes de la independencia y grita ¡Viva México! tres veces. La plaza entera contesta, con una fuerza que sorprende incluso a quien la esperaba. Después vienen los fuegos artificiales y la música, y la gente se queda o intenta irse. El acto en sí dura unos cinco minutos.

Lo que casi nadie sabe desde fuera es que no ocurre solo ahí. A la misma hora, el gobernador de cada estado sale al balcón de su palacio de gobierno y el alcalde de cada cabecera municipal sale al de la presidencia, con su propia campana, los mismos nombres y el mismo grito; los consulados mexicanos en el extranjero montan su versión para quien vive lejos. El país entero grita a la vez, y también una parte de la diáspora. Por eso la pregunta útil no es si verlo, sino desde qué plaza verlo, y el Zócalo no es la única respuesta razonable.

Lo que sorprende La proporción entre espera y ceremonia descoloca a casi todo el visitante. Se entra a la plaza por la tarde, se aguantan seis horas de pie, de calor, de lluvia y de conciertos, y el balcón dura unos cinco minutos. Merece la pena, pero conviene saberlo antes y no descubrirlo a las once y cinco de la noche.
Banderas de tres colores colgadas para el mes patrio. Desde principios de septiembre aparecen en balcones, comercios y postes de todo el país.
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De dónde viene el grito

Lo que se conmemora ocurrió la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en un pueblo de Guanajuato que hoy se llama Dolores Hidalgo. El cura Miguel Hidalgo y Costilla hizo repicar la campana de su parroquia, reunió a sus feligreses y los llamó a levantarse contra el gobierno virreinal. No hubo balcón presidencial, ni multitud de decenas de miles, ni fuegos artificiales: hubo un párroco, una campana de iglesia y un pueblo pequeño en el Bajío, de madrugada. La guerra que empezó ese día duró once años y Hidalgo no llegó a ver el final.

De ahí vienen las dos fechas que la gente confunde. La noche del 15 de septiembre es la reconstrucción ceremonial del llamado; el 16 de septiembre es el día festivo de verdad, el que aparece en el calendario oficial y en el que se hace el desfile militar que cruza el Zócalo desde media mañana. La ceremonia nocturna, con su campana y su lista de nombres, es una convención posterior y no un calco de lo que pasó aquella madrugada. Saberlo evita el error clásico de reservar el vuelo para el 16 y perderse el Grito.

Banderines de papel picado cruzando una calle. En septiembre el papel se cambia por los tres colores y cuelga sobre medio país.
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Cómo transcurre la noche en el Zócalo

La plaza se prepara con días de antelación y el 15 de septiembre amanece ya vallada. El acceso se hace por filtros, con revisión de bolsas, y se cierra cuando la plaza se llena; no hay entrada, no hay asiento y no hay reserva de sitio. Desde media tarde hay escenario, bandas y una multitud que crece por horas hasta contarse por decenas de miles. Los vendedores ambulantes recorren las filas con banderas, matracas, sombreros de colores y comida, y el ambiente es alegre, familiar y muy ruidoso durante toda la espera.

Hacia las once se apagan las luces del escenario, la plaza se queda a media voz y aparece el balcón iluminado. Los cinco minutos siguientes son la razón de la noche: la campana, los nombres, los tres vivas y una respuesta colectiva que se siente en el pecho. Luego, fuegos artificiales sobre la Catedral y la salida masiva, que es la peor parte del programa. Y hay que contar con el agua: septiembre es el punto alto de la temporada de lluvias en el altiplano y llueve casi todas las tardes, a veces con ganas.

Mañana El perímetro ya está vallado y el tráfico desviado. Conviene resolver ese día lejos del centro y llegar descansado por la tarde. 16:00 Abren los filtros de acceso. Revisan bolsas; se rechazan mochilas grandes, alcohol, vidrio y drones. Entrar temprano es la única forma de estar delante. 18:00 Escenario y conciertos. La plaza se llena por horas y ya no se puede cruzar de un lado al otro con comodidad. 21:00 Aforo prácticamente completo. A partir de aquí, quien llega se queda en las calles laterales viendo pantallas, que tampoco está mal. 23:00 El Grito. Campana, nombres, tres vivas y la respuesta de la plaza. Unos cinco minutos, seguidos de fuegos artificiales. 23:30 La salida, en avalancha y por calles cortadas, con estaciones de metro cerradas. Es más lenta y más incómoda que la entrada.
Fachadas del centro histórico de la Ciudad de México. La noche del Grito, calles como esta quedan cerradas al tráfico y llenas de gente.
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Lo que cuesta, con año

El Grito es gratis y esa es una de sus mejores cualidades. No hay entrada, no hay grada de pago, no hay palco: se entra a la plaza pública por un filtro de seguridad y se está de pie donde se pueda. Lo mismo vale para el desfile militar del 16 de septiembre, que se ve desde la calle sin pagar nada. El gasto del día es, por tanto, de transporte, comida y paraguas. Lleva efectivo y billetes pequeños, porque los puestos de la calle no aceptan tarjeta y esa noche nadie tiene cambio para un billete grande.

El transporte público de la ciudad costaba alrededor de cinco pesos mexicanos por viaje en metro en 2025, unos treinta centavos de dólar, aunque conviene comprobar la tarifa vigente al llegar. La verdadera excepción es la cama: las habitaciones con vista al Zócalo se reservan con un año de antelación y su precio esa noche lo refleja sin disimulo, así que no publicamos cifra porque cualquier número quedaría desfasado. Si el presupuesto manda, dormir a unas calles de distancia, junto a una estación de metro, cuesta una fracción y funciona mejor a la salida.

Entrada a la plaza Gratuita, con revisión de acceso, hasta que se llena el aforo. Nadie está autorizado a venderte un lugar en el Zócalo. Desfile del 16 También gratuito, desde la calle. Empieza a media mañana y se ve mejor en el tramo de avenida que en la propia plaza. Metro Alrededor de MX$5 por viaje en 2025, unos $0,30. Comprueba la tarifa al llegar y ten en cuenta el cierre de estaciones esa noche. Habitación con vista Se reserva con un año de antelación y se cobra en consecuencia. No damos cifra: cualquiera que diéramos quedaría vieja en una temporada. Comida y banderas Puestos ambulantes por toda la zona, solo efectivo y en billetes pequeños. Los precios cambian por puesto y por hora de la noche. Traslado a una capital Un autobús de línea a Querétaro o Puebla sale por una fracción de una noche de hotel en el centro. Reserva el asiento con antelación.
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Dónde verlo, y por qué no en el Zócalo

La ceremonia es idéntica en todas partes, y eso cambia por completo el cálculo. En el Zócalo se pagan seis horas de espera, un vallado, decenas de miles de personas y una salida difícil a cambio del balcón original. En Querétaro, Guanajuato, Oaxaca o Puebla se obtiene el mismo ritual —campana, nombres, tres vivas—, en una plaza colonial de tamaño humano, con una décima parte de la aglomeración y la posibilidad de cenar sentado después. Para casi cualquier visitante, la segunda opción es sencillamente mejor noche, y no es una versión menor de nada.

Si aun así quieres el Zócalo, hazlo bien: llega temprano, entra ligero y decide de antemano por dónde vas a salir. Las mochilas grandes, el alcohol, el vidrio y los drones no pasan el filtro, y discutirlo en la fila no sirve de nada. Cuenta con lluvia, porque septiembre es el mes más húmedo del altiplano. Y asume que la salida será lenta: calles cortadas, estaciones de metro cerradas por seguridad y una multitud entera moviéndose a la vez hacia las mismas cuatro avenidas. Ten decidida la ruta a pie antes de que empiecen los fuegos artificiales, no después.

El Zócalo El balcón original y la plaza más grande. También seis horas de espera, vallas, decenas de miles de personas y la peor salida del país. Una capital de estado Querétaro, Guanajuato, Oaxaca o Puebla dan el mismo ritual en una plaza colonial, con una décima parte de la gente y cena posible después. Tu propia colonia Cada cabecera municipal tiene su grito a la misma hora. En los barrios se vive en corto, con banda, familias y sin ningún filtro de acceso. Dolores Hidalgo El pueblo de Guanajuato donde repicó la campana en 1810. Su ceremonia es municipal y modesta, y ese es exactamente su interés. El 16 por la mañana El desfile militar cruza el Zócalo desde media mañana. Es gratis, se ve desde la calle y no exige haber pasado la noche en pie. Desde una ventana Las habitaciones que dan a la plaza se apalabran con un año de antelación. Improvisar eso una semana antes no funciona.
Lo incómodo Salir del Zócalo después del Grito es mucho peor que entrar. Las calles del perímetro están cortadas, varias estaciones de metro cierran por seguridad y decenas de miles de personas se mueven a la vez en la misma dirección. Cuenta con una hora larga de embudo, ten un punto de encuentro acordado y no esperes cobertura de teléfono.
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Los errores que se repiten

El error de calendario es el más frecuente y el más caro. Mucha gente lee que la fiesta nacional es el 16 de septiembre, reserva para esa fecha y descubre al llegar que la noche buena era la anterior. Las dos cosas se pueden ver, pero hay que estar el día 15 por la noche y el 16 por la mañana, es decir, dormir en la ciudad entre una y otra. El segundo error es de horario: llegar a las diez y media pensando que se entra a la plaza. A esa hora, hace rato que está llena.

Después vienen los errores de bulto. La mochila grande no pasa el filtro y no hay dónde dejarla; el alcohol y el vidrio tampoco pasan, y el dron directamente es un problema. Tampoco funciona confiar en el teléfono: con esa densidad de gente, la cobertura se cae y los grupos se pierden sin remedio, así que acuerda un punto de encuentro físico antes de entrar. Y no cuentes con volver en metro a la salida: varias estaciones cierran por seguridad justo cuando toda la plaza quiere usarlas al mismo tiempo.

Confundir las fechas El Grito es la noche del 15; el desfile, la mañana del 16. Reservar solo para el 16 significa perderse la parte que se viene a ver. Llegar tarde A las 21:00 la plaza está prácticamente llena y los filtros se cierran. Quien llega a las 22:30 verá la ceremonia en una pantalla lateral. Bulto grande Mochilas voluminosas, alcohol, vidrio y drones no pasan el acceso, y no hay consigna. Entra con lo mínimo y los bolsillos cerrados. Fiarse del teléfono La cobertura se cae con esa densidad. Acuerda un punto de encuentro físico y una hora antes de entrar, y no dependas de un mensaje. Planear la salida en metro Varias estaciones cierran por seguridad al terminar. Ten una ruta a pie de veinte o treinta minutos hasta una zona abierta. Ir sin impermeable Septiembre es el mes más lluvioso del altiplano y la espera es de horas. Un chubasquero ocupa poco y salva la noche entera.
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Preguntas que siempre aparecen

Casi todas las dudas se reducen a dos: qué noche hay que estar y cuánto castigo está uno dispuesto a aceptar por estar en la plaza principal. La primera tiene respuesta exacta, el 15 por la noche. La segunda es personal y depende de si viajas con niños, con equipaje, con poca movilidad o con prisa a la mañana siguiente. Vale la pena decidirlo antes de salir del alojamiento, porque una vez dentro del perímetro cambiar de plan es lento y a partir de cierta hora, simplemente, ya no se puede.

Queda una pregunta que no se hace en voz alta y conviene contestar: si el Grito merece organizar un viaje entero alrededor. La respuesta honesta es que merece organizar una noche, no unas vacaciones. Es un acto breve, gratuito y extraordinariamente vivo, que se disfruta más con el país entero de fondo —el mes patrio, las banderas en cada balcón, el pozole de esos días— que como objetivo único. Si el calendario coincide, ve. Si no coincide, no fuerces el itinerario para conseguirlo. Y si vas, ve la noche entera: la espera también forma parte del acto.

¿Qué noche tengo que estar en la ciudad? La del 15 de septiembre. El acto empieza hacia las 23:00 y dura unos cinco minutos, pero para estar dentro de la plaza hay que entrar por la tarde. El 16 por la mañana hay desfile, pero el Grito ya habrá pasado. ¿Cuesta algo entrar al Zócalo? No. La plaza es pública y el acceso es gratuito, con revisión de bolsas y hasta completar aforo. Nadie está autorizado a venderte un sitio. Los filtros abren por la tarde y cierran en cuanto la plaza se llena, sin previo aviso. ¿Qué no puedo llevar? Mochilas grandes, alcohol, envases de vidrio y drones se rechazan en el filtro, y no hay consigna donde dejarlos. Entra con lo mínimo indispensable. Una botella de plástico vacía sí pasa, y agradecerás llevarla durante la espera. ¿Se puede ir con niños? Con precaución. La densidad es alta, el ruido es fuerte y la salida es lenta. Muchas familias lo resuelven viendo el Grito en la plaza de su colonia. Con carrito de bebé, la plaza principal no es viable esa noche. ¿Merece la pena una capital de estado? Para la mayoría, sí. El ritual es el mismo, la plaza es abarcable y la noche termina cenando en vez de haciendo cola para salir. Además, en una capital se cena a las once y media sin hacer cola. ¿Y el desfile del 16 de septiembre? Es el día festivo oficial. El desfile militar cruza el Zócalo desde media mañana, es gratuito y se ve mejor desde la avenida que desde la plaza. Empieza a media mañana y ocupa buena parte del día festivo.
En resumen Grítalo en una capital de estado, no en el Zócalo El Grito dura cinco minutos y es idéntico en las mil plazas donde se repite esa noche. En el Zócalo cuestan seis horas de espera, un vallado y una salida penosa; en Querétaro, Guanajuato, Oaxaca o Puebla cuestan una tarde agradable. La ceremonia es la misma. La noche, no. Ver el área de la Ciudad de México Volver a qué hacer